Etiqueta: Mulholland Drive

Open Arms

Open Arms

Mientras los ojos del mundo que mira, pero que no ve, se entornaban para echar una siesta con la inspiración aliviada y el ventilador escama de serpiente frente al ánimo y los pies descalzos sobre el sillón, unas manos pequeñas, ahogadas de mar, gritaban a la cuerda que caía del barco mientras el mundo callaba mamando cerveza, mirando series en la televisión. Los dedos de su otra mano también temblaban acariciando la cara que yacía a su lado con los labios secos. El niño repetía una palabra que no entendemos, y había dejado de esperar hacía ya muchas olas. Por eso la cuerda se hizo horca, y flecos desatados en penas.

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Una marmota y un cerbero miraban al día de los Bosques Ardiendo entre ríos de barro y montañas de mierda nadando.

El día que los mares escupían bolsas que decían ser caracolas, los bancos se pusieron de pie y se llevaron el dinero, saltando los muros de carga en llamas, desapareciendo en el abismo. Los glaciares desistieron de llorar cuando el aire se hizo humo negro patriota y el agua inundó la ciudad. Ya no quedó ni luz bajo las farolas, ni espacio para una colilla más en el cenicero, ni gente follando en las camas predicando amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Sigue rezando.

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A los que nunca fueron (héroes del silencio)

A los que nunca fueron (héroes del silencio)

Me atraganta el aire de piedras calladas y las lágrimas de vino espumoso que despedís de entre los labios como si fuerais un huracán con cara de susurro y no supierais ni soplar. Sarcástico, a que sí.

¿En nombre de quién habláis en este juego de hurto y de cadenas besando anillos con los ojos rojos y el compás doblado? Y después qué, a saber, más aritmética de buena fe en tono jocoso, como si hubierais alguna vez cumplido con vuestra palabra, ésa que os define con la voluntad ya cumplida y más canas que el fuego.

Con miedo a mirar atrás, y un todavía estatua de sal, la carrera de mañana asegura un dardo sin diana; y luego qué. Acaso no os reconocéis en el espejo que no se corta un pelo y ya os está diciendo que no. En la realidad que calcula tridente, sois una cuerda fatua que da la vuelta a la tierra, ahogándola, una mula que es borrego, dos cerrojos gritando al silencio, tres excesos que saben a poco. Y todos mesados por la complacencia de los días que van forzando un viaje de cristal que no sube, una caricatura. Adónde queríais ir, si el camino se hace al andar qué hacéis contando cabras y nubes con la barbilla manchada de simiente.

Nos os dais cuenta de la importancia del fragmento en la hiedra que enraíza guijarros y cantos en fuente esperanza, en ese estanque en el que no hay agua la coral fúnebre sin partitura amansa la arena negra que acuesta una sirena varada con la boca llena de plástico.

 

OCOL

Que las perras no se sientan solas.

Que las perras no se sientan solas.

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Cuando ha rugido el inmortal sobre la manada, el suelo se ha hecho agua de humo y las paredes se han agachado al ver el bando de cuervos pasar, levantando la ropa de los tendederos, tirando las macetas, apagando las farolas.

El silencio ahora es mundial y las cuerdas yertas, esperan instrucciones. La sábana que se ajusta al cuerpo con notas mudas, justifica la grieta del calendario en el chajuán de este final de agosto intimidado por las olas.

A lo sumo se queda una borrachera de días pálidos de jaula, de quejidos y nubes de costo en una soledad güera de nudo y alerta. Esperando a la remisión trepar por el precipicio de esta esperanza varada que aúlla en la distancia que las perras no se sientan solas.

OCOL

Adiós

Adiós

Es verdad que siempre sentía un miedo incontrolable, uno que intimidaba al arte que trasciende a lo tangible y que se desviste sin mayor intención que dar golpes invisibles hasta traer lo que hay más allá. Es verdad, y a mí me gusta sentirlo. Me envuelve en una capa de piedra. El cielo está vacío, me decía constantemente, pero en el vacío hay algo que rompe la ecuación como si fuera un texto ininteligible que concluye en soluciones; y eso es lo que estaba buscando.

Volver a verte me abrió los ojos. Fue una huida hacia delante. Los falsos camaradas pierden la fuerza en el abre los ojos, y llevar un hacha apuntalada al hombro te compone, los movimientos son más consecuentes con lo que pueda pasar, dijiste. Atraías la luz que hay al final del túnel, y yo iba harto de noche. Volver a verte me abrió los ojos. Nunca pude tocarte, y tu aliento me seguía perturbando, tu luz. Eres como un zorro que se hace el muerto sobre la cama. No pude moverme y, aun así, las sensaciones de antes empezaban a recorrer mi cuerpo. Como sangre cruda que escupe el corazón y que atraviesa el cuerpo, helándolo. Levedad, confianza.

La conversación duró toda la noche y, con el amanecer, cuando ya no teníamos nada más que añadir, me preparé para verte desaparecer en lo que quedaba de negro subterráneo en nuestro desván. Levantaste la mano, hiciste el gesto; y susurraste: sin perdón, ella debe morir.

You want it darker, we kill the flame, diría Leonard Cohen.

OJO AL SUELO

Cuando te fuiste, salí de la casa. Bajo las luces de la mañana empezó el proceso de descongelación, y fui cautivo de un nuevo sentimiento. Caminé hasta el coche, pesadamente. Los pájaros se posaron a las ramas de los árboles que rodeaban la casa. Diez pájaros, cien pájaros, mil. No cantaron, sólo miraban. El siseo del viento me trajo la sonrisa a los labios, palpé con la lengua mis colmillos. Luego me arrodillé, cogí arena con las dos manos y me las froté con tanta fuerza que me clavé los filos de algunas piedras pequeñas en las palmas, en los dedos. El dolor que no surte efecto, a pesar de las heridas, y que asegura la muralla que en realidad se esconde bajo nuestra piel compasiva, asediada por la consciencia, es lascivo, es visceral. Recuperé las dudas y la fragilidad como el que busca una bola de pelo detrás del sofá. Me escupí en las manos, las froté, luego bajé la cremallera y oriné encima de ellas mirando el horizonte que se esconde tras el ramaje. Humo. Sin atisbar extravío, o desconcierto, sin pestañear. No me cabía en el pantalón. La orquesta iba afinada; y yo iba a por ti, ensayando la despedida con la rabia que promete conclusiones tras la ceremonia, cierre. Subterfugios que harían reconocibles y justificados los actos de cortar a dos tramos lo malsano que habías introducido en mi copa. No tenías otra cosa mejor que hacer… y la devolución siempre sale cara, y ya van corrompidos superficie y anónimo, por lo menos.

Mientras conducía en las curvas, veía tu cara y esa expresión apenada hasta los huesos, tu estructura calada en desconsuelo, en ansias por no se sabe qué, la precipitación, el relámpago, la urgencia inconsolable, el desamparo, la melancolía y esa falsa ingenuidad, y las sonrisas cabeza de turco que se traducen en frases artificiales por si acaso se puede apretar más, quizás por un rencor impropio en personas sin alma, quizás por desafección, una desafección muy tuya, muy típica en los aferrados al paso de los que no llevan sombra. Y, para qué atajar la coherencia que me llevó a aquel punto y final, unos párrafos más y ya estaríamos listos.

Lo vi en tus ojos, en tus gestos. Qué culpa tengo yo de que fuese tu turno, me dije apretando las muelas.

La fibra del verdugo, sin entrenamiento, se traduce en apatía, en indiferencia, en una lasitud que nos lleva al camino de los tristes, adonde la muerte empieza a hacerse invulnerable y cada día un poco más consciente, reflexiva, escrupulosa y perseverante. Si levantas el pie, se hacen contigo. Y también somos feroces, crueles, obscenos, no os olvidéis. Y yo no perdí la atención. Si el mal no se hace en ti, no eres más que un juguete del destino, un muñeco. Y la mejor defensa es el combate ante tormentos como tú.

Fue la última visita, la última cura. Y era verdad, merecía morir. Estuve mirándola tanto tiempo, en a las marcas de una agonía que se forma tras las fracturas del exceso, que los gritos buscaban donde no había…, y no hubo eco.

Qué le vamos a hacer.

OCOL

Adagio

Adagio

Dos camas, una vacía, dos. La silla deshabitada, fría. Las ventanas no se podían abrir y las cortinas silbaban una canción lánguida que se impulsaba por el pasillo inerte al abismo. La habitación a oscuras en la que murió el abuelo, y luego los escalones, y la buhardilla adonde pasábamos el tiempo con los fantasmas y la nada. Y la muñeca de porcelana que decidía a quién le tocaba morir.

Parece que te estoy viendo levantando el dedo, pasándolo por la garganta, de lado. Tus ojos decían la verdad. Tu sombra cubría el techo y hacía los gestos alargados. Tu respiración.  Qué más da todo lo demás, decía yo, convencido de la sentencia y la seguridad que ofrecías, y los claros signos de maldad, que protegen, y el desapego que da sentido a murallas y armas, a la garantía y a la bravura. Merece sufrir, decías con tanta impiedad que convencías. Odiaba sentir compasión por los que van expulsando púas sobre la piel limpia en desnudos que buscaban la camiseta con prisa, aprovechando oportunidades como locos en la flaqueza ajena, tramando infiernos con esmero como si algo les hubiera dado permiso de cambiar senderos por espinos y apagar las luces, y elegir la caja, después de repartir cristales por el suelo de un cuarto de baño flotante y dormido que nada tienen que ver con ellos. No les tengo miedo. El demonio que creen tener hipnotizado despertará en su cama y hará lo que mejor sabe. Es la influencia, no una pared o un joyero.

DE REOJO

Mordido… No podía sacarte de mi cabeza y trataba de comprender qué había desencadenado, otra vez, el que estuviera corriendo, mirando para atrás todo el rato angustiado por el lenguaje y el susurro de antorchas, y que algo indefinido me estuviera apuntando, a pesar de la negrura de bosque y su inconcreción, de lo aprendido, de los rincones del silencio, de la sed, del peaje, del aullido. Pero sólo uno se arma ante lo anónimo, ante lo lógico, ante Botero. Y tú ibas detrás de mí, no tenías otra cosa mejor que hacer.

Subí las escaleras despacio, escuchando el crujido de la madera, arrastrando la mirada detrás de la luz que alumbraba el suelo. Cucarachas. Continuaban allí los treinta y seis escalones. Cuando llegué me quedé mirando la estampa macabra, se me erizaron los brazos. Me senté en una caja y encendí un cigarro, como si fumar, o estar cerca de la escalera me hiciera replantearme las cosas.

OJO AL SUELO

Todo seguía igual, la luz tenue caía sobre los dos baúles, y el espejo, que se corría por el suelo, entre las cucarachas, sobre las camas, una vacía, dos. El albor naranja le daba más secreto a los sonidos del sigilo y su trascendencia misteriosa, me lo llevé a los labios. Cogí a la muñeca, se me quedó mirando. Siempre me había gustado consumir fuegos que le quitaran coherencia a la locura que nos aferra a la vida como si pasar un día más fuese una conquista, como si alargar el paseo nos llevara a un lugar mejor. Seguir buscando una victoria, fronteriza, que nunca hubiésemos catado, atentos del después, a la búsqueda de un nuevo desafío, dejando a los otros en el monte del olvido, en el vertedero de trofeos. Siempre me había parecido que los infelices que creen que merecen más y que envidian el aire que nos rodea, como si fuese suyo, son los que más corren.

Sentía dolor, un dolor extraño, ése que permanece cuando ha pasado la inexperiencia y que aprieta atado a pensamientos que no ceden en una guerra interminable. Me hormigueaban los meñiques. El frío y el polvo caían sobre mí, asimilándome. Por un momento, como cuando éramos unos críos, creí ver en la distancia a la araña avanzar, y a la mecedora agitarse, deseando formar parte de la oscuridad, ser red, ser deseado. Luego me quité la ropa. Cucarachas. Dos camas, una vacía, dos.

Y entonces me senté a esperarte.

OCOL

Tabula Rasa

Tabula Rasa

Primera carta de Silaš Rijeka 

El día de Luna de Saturno, y polvo de estrellas de ayer, te recuerdan qué, dime. Fue la primera vez que nos miramos con la profundidad que renuncia al significado y la trascendencia de equipaje. Y, con tanto polvo, mi camino desapareció tratando de arrebatar título a mi fortuna, tú lo sabes, eres un gran equilibrista.

Ahora puedo atreverme y no imprecisar una gota de aquellos volcanes. Puedo recordarte y no aspirar a hacer un nudo, he aprendido, mañana. El tiempo es buen remedio a los caudales perfumistas en la avalancha de turno, en los ciclos, en la moridera de las estaciones que rubrican taje.

Qué será de aquella puerta sin casa, de nuestra ventana.

Tus ojos parecían míos, tu risa. Y la piel de tu cuello regazo de mi declaración nebulosa, mi batalla cubista.

En los botones que palpaban tu pecho, y sus peticiones de compostura, tu reciente ya era pasado ante mi aliento y daba por hecho que mientras tú hablabas de nada mis artes ya estaban, en la pregunta que calla, confundiendo a tu camisa con tanta emergencia.

Fue la primera vez que toqué tus dedos, cómo voy a olvidarlo.

Una valla eléctrica y, en la travesía, en aquella nube, un estandarte. Sangre mojando los pies. Y la brisa azulada, y el miedo a lo que no es mentira que susurra Lovers are Strangers, te puso los pelos de punta.

Geometría del universo, sensatez, qué sé yo ahora que de tan lejos la boca se me desnuda por la seguridad del fuego transparente que no anduve. Y en la lejanía, una coincidencia.

Tu cuerpo parecía mío, tus suspiros. Y en la hiel que acede el paladar, en tu lengua, me hice camino sabiendo que la gloria sería amarga, que tanto amor sería sombra de un juego de silencio en la luz de todos los días.

Qué se sabe de la eternidad, pregunté de repente. Por dónde muere, por dónde mengua, grité desesperada.

Quién no se doblegaría ante la llave que abre La Jaula, un giro, quién pisa el suelo y se consuela con lo que pudo haber sido, con la ausencia. Qué será de aquella tabula rasa.

Qué será de lo nuestro,

 

Silaš Rijeka

 

OCOL

 

Diario de OCOL: Veinticinco de julio de 2016, 7:15. Yo me doy por aludido cuando apareces.

Diario de OCOL: Veinticinco de julio de 2016, 7:15. Yo me doy por aludido cuando apareces.

 

espera

dos pasos

herida plañidera

caricia

cuerpo hambriento

alma que vuela

flor de escombrera

(Raquel Ruiz)

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tanto frío atraviesa el quebradizo esperador de antes del amanecer del último rugido que encubre tu boca y que despoja a mi alma del disimulo de amante incapaz de romances atestados de candor de indiferencia premeditada que carga con una hoz temblando los sueños desahuciados en lenta evaporación y la decisión tomada

yo me doy por aludido cuando apareces con el corazón en la lengua

invoca a tu dios y dile que no quiero olvidarte o improvisa algo convincente

invoca a tu dios y pídele perdón por eso y por nada

en esta partida soy un convincente crupier fingiendo imparcialidad en el enjaulado en tus miradas perdidas con los dedos rotos en pleno retroceso tras los claroscuros en vertical

no te vengas arriba

mengua

y desconcertado al olvidar las reglas del juego en el momento en que la mano se pone interesante

para colmo una balada

 

con el reparto de abandono casi perfecto me pierdo entre todo lo que contigo he ganado y nos vemos en un tú y yo sumando cuatro o cinco o seis aunque los dos sepamos no que es verdad

una pira inmortal de carne y cenizas trepa entre las montaña que juran frontera con los fluidos de la punta de nuestro iceberg antes de que podamos atravesarnos y convertirnos en pista de patinaje en distancias irreconciliables donde mueren antídotos y germinan venenos

dan un río que hace de muro

suena

espera

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lo nuestro

lo nuestro en un teatro sin butacas abandonado en un centro comercial inerme en un azul apático de flequillo descuidado

lo nuestro no era demasiado

es

 

por tu trasluz lo sé

pero si no he aprendido ni a coger tus manos imantadas cuando la derrota ya parece urgente en la contracorriente de mis brazos en tu espalda y mi boca en tus ojos y tus ojos en mi boca

un

dos

tres

estatua

es una pregunta

maldita esclavitud que parece poco

no puede ser me dice nuestro anclaje

ves

es una pregunta joder

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no puede ser mi asfixia y tu carne en pupilas deshabitadas y sin embargo luz y culminación solitaria y del revés y el amanecer y nuestros besos y el café

del café no me olvides

hoy también te echo de menos

 

lava cuajada y truenos

marabunta

y al secar la lluvia que escribe tu nombre

calma

no me hagas caso

no te intimides tentando a la suerte de tren

a romperte de próxima parada

 

y como si esto hubiera sucedido antes del atardecer y tú me estuvieras esperando con el rubor de tus mejillas de volcán arrinconado en ese beso inerte en un castigo hundido y tocado

eres mío dice la nada

la impavidez de tu intención no es roca en este acantilado donde el vértigo encaja con la altura y donde tú y yo deberíamos de empezar a ser valientes o mendigos

dices

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yo me doy por aludido cuando apareces

espero que no te alarme si te lo digo a la cara

nadie lo hubiera dicho nadie habría adivinado que tú y yo nos amáramos de aquella manera

ni siquiera tú y yo

OCOL

Colabora Raquel Ruiz, infinitas gracias, amiga.

Dieciocho de julio de 2016, 3:50. Quien puso arrojo, dispuso pudores.

Dieciocho de julio de 2016, 3:50. Quien puso arrojo, dispuso pudores.

 

diana

 

me sumergí en su fluido como un elefante de ceniza

cazador sigiloso

casi anónimo

vencido de vida

ayer

hoy

mañana

 

 

 eras un cisne que aprendía a nadar y que al agitar las alas era baliza de fuego blanco

 

 

a quién quise engañar escondiéndome detrás de los contrastes de sombras de foso

dije

cuatro veces seguidas

 

te asalté delante de todos como si fuera un ladrón manco con la cara al descubierto que ardía en un infinito nublo e inmovilizado en delirios por la saliva de tu boca con un ansia de la que casi no me pude controlar a pesar del delito y el martirio de lo improbable en nuestro cortejo

todos dicen que dormías sobre la dulcera flotante

pero yo sé que ibas temblando

 

palabras mayores

crisálidas

hiperónimo

 

 

los dos sabemos que tú eras

yo estaba tan sólo en un hombre impreciso

en varios a la vez

impostores

galerna

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me mata la cobardía de aquellos cigarros de nudos y frases pálidas de mi reflejo en la piel de tu dorso

me mata la cobardía y el entusiasmo de la apariencia

te excuso de tu olor a incendio en la frecuencia en tu caverna y la autoridad ante mi efusión tumbándome sobre la partitura como si fuera el tabarro de Giacomo Puccini yaciendo mi nuez entre ruegos al filo de la espada por un ensueño de amor de contrabando

rodeados ya de ciencia

 

 

la resonancia de mi mano palpitaba como una gacela rendida en una trampa de astillas de arrebatos de poeta mirando hacia arriba

beodez en una jaula de espejismos y consecuencias de flechazo y eco de silencios cuando el tiempo enlazó el error y el aplomo insostenible de nuestro beso vagabundo

sé que el miedo nos ganó la partida

y perdiendo hay veces que se gana

congoja

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hoy

tonteé con la idea de anudarme a ti de oler tus labios de aferrarme a tus jadeos de saber tu cuerpo con las manos de asimilarte por dentro e incluso de consentir la derrota vigilando tu almohada desde afuera tirado en el mundo esperando a ver tu cara en cada orgasmo

es por mí por quién estabas suspirando

y por la luna llena

luego tu cuerpo en un laberinto de sábanas en tal mar estremecido de revelaciones de un espejo fugaz mirándote a las manos tras una señal

nada

paradoja

sarcasmo

 

 

desde el otro lado leías mis poemas sentándote en mi mano

y sé que no fueron visiones

basta de armarios

perdóname por romper vuestra cama

me encajé dentro de ti buscando libertad de mar adentro en mis viajes a ninguna parte y no comprendí la sonrisa que me encadenaba en cada despedida con la imagen congelada de mis ojos en ti

los borraba a todos y volvían a salir

 

quien puso arrojo dispuso pudores

calvario

invivir

 

no pude bajar la fiebre ni saciar mi hambre y aunque aquello no pudiera ser me maté pensando en nosotros fusionando amaneceres desnudos sin juramentos de piernas atadas y  dedos clavados en la arena

playas improbables de amargura

y tu cara en mi espacio exterior

firmamento innato

pavura

 

 lo intenté pero no pude volver a verte cuando las olas rompían en la piel de mi corazón faquir dibujando tu nombre con un alambre de espuma

                                                                                                                    sono come tu mi vuoi decían los gatos famélicos buscando tierra firme

 

bravura

ménage à trois

somos

sois

 

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raíz que pierde la memoria

recorrido

escanciando agua que calma

apaciguando a las deidades

encontrando en la abstracción la materia inservible en noches perdidas y hambrientas

y sed que habita en un pantano antiguo

y aroma de hojas muertas

(Raquel Ruiz)

nos acostumbramos en errante continuo de discretas que confirmaban locura como si el palidecer de mejillas fuera enfurecido una huida hacia delante de abrazos a través de la pared en aquel antes sin después moldeando una edición limitada

tonterías

parecía que todo sucediera en el suelo de la suerte que había llovido a merced de lo nuestro cuando un rayo me retuvo en aquel nada a cambio de nada

en aquel partir

un vagón sin próxima parada por devoramos en los reflejos de las distancias de futuro agotado deslizándose por la grieta de la nevada de mi resignación desapariciente en un puerto de montaña soberana alojado en el vacío

perdóname por romper vuestra cama

suyo

tuyo

mío

 

 

yo no era yo aunque lo pareciera pero tú sí eras tú aunque probablemente no lo fueras qué sé yo

debo negarlo

porque echar con cajas destempladas al amor es gris y es mármol en lechos de amnesia de una canción que llora por nosotros en el pedestal y no nos permite bailar apretados

no digas lo que pudo ser

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vuelvo

ha empezado a llover sobre nuestra cama de azúcar

desnúdate

matemos al sueño de amor

he de clavar el cuchillo en la tierra y hacerme cargo de tu cuerpo y del temblor de tus gemidos como si alguna vez yo te hubiera amado

y cuando acaba

empieza

espora

soy un loco luchando en abstracto y en aproximado por distinguir entre soñando contigo y contigo soñando

baja

 

                                                         más ahora

                 sí

                 no seas impaciente

 

olvidarte como al viento como si todo lo que yo ya pudiera hacer fuera entregarme sin antes perdonarte por tus manos escondidas y tu esquinazo contra voluntad en la fragilidad de tu aliento con los bailes de tus gestos

mi torpeza

coqueteando

y ahora que estoy entre tus manos pretender acabar con lo que nunca ha empezado no

no

no le pongo la mortaja a nuestro amor

 

mientras tanto

si te hace sentir mejor

sigue cavando

 

OCOL

Colabora: Raquel Ruiz, raíz que pierde la memoria… encontrando en la abstracción la materia inservible en noches perdidas y hambrientas… qué mejores palabras podría elegir: loco de amor por ver nuestro libro de poemas… cada día más uno somos en este universo inesperado… Muy agradecido.

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Once de julio de 2016, 7:03. h-hda¡idh)inc&ieh+jnk=ñamxl,pà,c eñlmlamceinincieq ml´kjiabud

 

ostaviti glavu

 

 

vale ya rayo obstinado

 

yo soy nuevo en esto de la felonía

yo llego

y  me adentro en la tempestad

yo vengo

aunque te cueste creerme

verdad

 

al grano

me mata tu astenia consentida

convengo antes de saltar al vacío

 

me devora la pantera sobre el nenúfar de único rugido que está atravesándolo todo

circunspecta

mi sacrificio es en vano

caída

 

 y tus doctrinas de humo socorriendo a la niebla del futuro inmediato en la popa hundida

es una línea recta que se hace curva

es un garfio

una mano

otra curva

 

 

rematar no está penado

tranquilo

 

besos de arena para la hoguera de este camino de niebla mortal

calibrado por el báculo de las palabras en el vendaval de adentro

con la punta clavada en el suelo

sobre una cabeza

sigilo

 

y las pompas que se lleva el motín de las razones en el desván submarino de pactos de barro

explotan al nacer

 

y otra cría muerta

eliminada por su madre

hecha pedazos

víctima

cuilo

miserable

 

 

y los frenos de tu cautela que me están volando los besos

a qué cojones estás jugando

rotundo

 

vale ya rayo obstinado

vale ya

rayo obstinado

 

vale ya con la certeza sombría y el cúmulo de triza

y

palabras de amor ampolladas

 y

nuestra copa sin marcas de saliva

y

tus labios sin lanzadera

 se está desfigurando eso que era

vale ya rayo obstinado

ya

 

hoy que solo quedan profesores con vocación de espaldas

y que la tiza que se desliza deletreando Platón en los días en los que quisiera no es poder

se hace pájaro y pía

y como si nada

una viola

un violón

es

era

 

los acercamientos son porfías pautadas

bolsas picadas

vacías

limonada sin azúcar

 agua

 limón

 

y se traza con audacia en los silencios

tú y yo

tú soy yo

yo eres tú

pulsión de condena

tú y yo se extiende por el suelo de mi pecho como un árbol del revés

 

y luego mojarte los muslos

y los roces de mi barrena

gruñido

el peso de mi pecho tu espalda

 

en el menú desnudos rabiosos

 cortes de sable

adentro

acecho

ojos azules

 grises

me conformo con el cariño

 obediente

vale ya rayo obstinado

lombrices

 baúles

despecho

 

sudor mendigo en el jugo de tus besos incurables

insisto

hazlo ya

dime que sí me esperas allí

en sitio ninguno

no me has olvidado

tálamo de amnesia

llaves sin puente

sin candado

profundo inmutable

 

no me vayas

 yo adopto corduras para mi muerte en tu ombligo

lealtad que da miedo

un segundo

sigo

 

nubada de arredras sobre el tejado mientras llueve sobre tu silueta de polvo sostenida por la oscuridad

tan sólo llueve

tranquilo

es sólo el fin del mundo

 

OCOL

 

 

 

 

Cuatro de julio de 2016, 5:35. Sentirme observado me excitaba.

Cuatro de julio de 2016, 5:35. Sentirme observado me excitaba.

En mi casa en Madrid vivía un espíritu que siempre estaba a punto de cruzar la línea y manifestarse, se distorsionaba la imagen en las esquinas, en los zócalos y frisos, en los enrejados, en las celosías. Allí, en los lugares que no se cansaban, había algo más. Era un espíritu que dibujaba cuervos en las paredes y que tarareaba una canción… El espectro salía cada noche y se paraba a mirarme. Notaba su presencia en muchos momentos y a él no era capaz de esconderle mi miedo.

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Al principio ni me atrevía a buscarlo en la negrura. Por las noches sabía que estaba ahí y alguna vez me di la vuelta, cansado de esperar. Me dejaba observar con tensión en el estómago, sobre todo al desnudarme, antes de meterme en la cama. Me gustaba desnudarme en plena oscuridad, lo hacía desde que era un niño, despacio, acariciando mi cuerpo. Me costaba dormir y, algunas noches, las que estaba más inquieto y alejado del sueño, me masturbaba sobre las sábanas pensando en alguna mujer bonita tocándose entre las piernas. Sentirme observado me excitaba y era, en esos momentos, un aumento al deseo que surge tras la tiesura y la lubricidad. Siempre me corría de rodillas, con los muslos separados y la espalda erguida apoyada en la pared.

Hay una primera vez para todo y, un día, el día de la fiesta de navidad que no era santo de mi devoción, lo vi. El día en el que admitía que estaba hecho un lío en aquella terraza en el Polo, el día que estuve a punto de besarte mientras el resto se hacía una foto, aquel día, el mismo que, cuando llegué a casa, al girar la llave resurgí de entre mis pensamientos por el estruendo metálico y supe que lo encontraría. Supe que otra puerta se había abierto. Empujé la cancela con la espalda, seguí el camino hasta la casa. Y, ya dentro, al sacarme los zapatos, justo antes de girarme para echar los pestillos y girar la cerradura, el frío me subió por las piernas, escalando por debajo de los pantalones, eran hormigas de escarcha, luego aljófares que se derritieron en dirección contraria como si fueran lágrimas no vertidas. Se me helaron las córneas y un susurro se metió por mis oídos. Lovers are strangers… El aire era inexplicablemente húmedo, un polvillo azulado se elevaba del suelo. Uno de los cuervos salió de la pared y se estribó en el brazo de una butaca. Y, mi cuerpo, enmascarado en aquella luz exigua parecía ser parte de la imagen fantasmal. La música…, la endecha que confesó por nosotros en los últimos años que precedieron al fin del mundo, como si fuera un réquiem cargado de hermosura y de contradicciones e interrogatorios furtivos en una conversación interior, una curiosidad torpe que parecía siempre atajar la angustia y la espera con mensajes secundarios, versiones de recambio que nos enredaron en meses de impotencia y de iconografías supeditadas a la ilusión y la paciencia que se hace herida, que se hace costra.

 

…Lovers are strangers

There’s nothing to discuss.

Hearts will be faithful

While the truth is told to someone else…

(Chinawoman)

 

Era un hombre joven de un metro setenta con el pelo rizado y grandes ojeras, un hombre joven, cansado. Estaba al final de pasillo, con una mano apoyada en el quicio de la puerta. Tenía el pecho cubierto de tatuajes. Por primera vez nos miramos frente a frente. Empezó a acercarse a mí, lánguido, pesadamente. Era un hombre joven, delgado, atractivo, de unos treinta años. Iba envuelto de una expresión linajuda que se fue volviendo sombría a medida que se acercaba a mí. Estuve dos minutos sin respirar, me bombeaban las manos, las sienes. Cuando lo tuve ante mí cerró los ojos y abrió la boca y, entonces, desapareció sobre mí. Estuve temblando, sentado en el suelo, hasta que se hizo de día. Aquel fue el día que dejé de ser quien era. El cambio fue drástico. Y afectó enormemente en mis sentimientos por ti, Triana, por todos. Perdí la venda.

 

mantengo funambulista marañas de enredos en una selva coagulada

puede que vuelva

puede que crezca de nuevo en el equilibrio

y alojarme en los nidos desiertos

puede que vuelva a ser araña en un lirio

(Raquel Ruiz)

 

Las casas, al igual que nosotros, se dejan influir por las personas que limitan, que se acercan, y las energías que fluyen de los cuerpos estrechan distancias, hacen caer la balanza en un hechizo de antifaz. El derramamiento de lo cotidiano es de un ejercicio bestial que hay que atender en tiempo real, el recuerdo no es capaz de contener y hacer figura. Nosotros sólo inmortalizamos impactos y hacemos por magnificar lo se nos escapa del ego y la confianza en nosotros mismos, y en los detalles hay mapas que dan razones a la bitácora. Las casas retienen, sacan conclusiones. Los recortes están ahí, en el sofá, en los espejos. Las casas lo ven todo y consiguen una imagen completa. Qué no oyen las paredes, qué no reconoce el agua que camina nuestra piel, nuestra caverna. Qué, qué no se sabe cuando con la mirada no se ha de traicionar a alguien dando lo justo, alevoso. El propósito mata al Mamut. El engaño de los ojos es peor que el de las palabras y los gestos. Y aquello que se extiende, interviniéndolo todo, acaba dando forma a lo que en ella se esconde, cuándo. Cuando dormimos se abren puertas, dejando pasar inmanencias que irán fraguando de carácter las estancias y la energía que nos rodea. Seguro que a ti también te están observando. Siembra y recoge. Prepárate. Es la mesmedad que nos sostiene de un lado u otro en la oscuridad que nos sobrecoge, son las contraseñas y los secretos atingentes que nos avisan rozándonos el brazo, al comprendernos en una Déjà vu, atrapándonos entre sueños, en el huero intermedio.

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Cuando el río suena…

Desde aquel día, regresé a casa con ansias de volver a verlo. Sumido en intranquilidades, anclado a un más allá que estaba llevándome con él, y el temor a no perderle el miedo me encogía las tripas, asediado por los reflejos de mi mente a no acostumbrarme a la impresión y a calmar en consciencia y geografía trascendental lo que brotaba de mis pensamientos. El silencio era un concierto de Benjamin Britten .Meta-acústicas, mecánica ritual. Pero no, no volvió a ocurrir. Se quedó en mi interior, callado.

Todas las noches, antes de que fueses mía, creí convivir con él. No sabía qué estaba esperando. Le llamaba Darko, que significa quien tiene un don, y lo imaginaba como si fuese un conejo enorme, levantado en sus dos patas traseras.

A los fantasmas que anidan en nuestro interior hay que buscarlos, hay que ponerles atención, investigar en los espejos, en los sonidos que definen la noche en una elipsis entrelazada. Los fantasmas no hablan. Y si no eres capaz de saber es porque no estás preparado.

En mi casa en Madrid no encontré la calma, el fluido de pensamientos y la idea fija de hacerte mía me llevó al borde de la locura en una habitación llena de cuervos. No sé cómo has podido sentirte dueña de mi gratitud. Y es verdad que traté de matarte en aquel callejón, pero no fui yo, fue Darko. Filantropía fantasmal. Leía por las noches Endymion, Hyperion, Oda a la melancolía, y Elegías de Duino, Sonetos a Orfeo, Los apuntes de Malte Laurids Brigge, intercalando estrellas, tratando de cerciorarme en sus comisiones contrapuestas. Y Drácula, de Bram Stoker, y La guarida del Gusano Blanco. Y a H. P. Lovecraft. Y camuflé el mundo en poesía y horror.

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Miraba a mis compañeros de trabajo, en silencio, y los categorizaba: lírica, muerte; erótica, podredumbre. Porque la esencia se halla en los extremos. Me excluía en una inconsciencia de romántico perdido. Y cuando te tenía ante mí, lo echaba a suertes. Darko surgía y marcaba el paso en un todo o nada. Y tú jugando al escondite. Y como no pude matarte, te amé como nunca lo había hecho, tanto que el mundo estaba hecho de ti, calles, ciudades hechas de hielo fino, y un aroma leve pero persistente a la escalinata de tu ombligo, al convite de tus labios, de tus pechos.

Y aunque deba admitir que sabía que terminaría perdiéndote, y que tu muerte sería estar sin mí, para siempre. Y quise cumplir con mi parte. Es empírica pura. Me incorporé en Baladas líricas, y La narración de Arthur Gordon Pym, para seguir contrastando. Para buscarme en los extremos. Y créeme que lo hice.

OCOL

Colaboran: Raquel Ruiz, que se hace pira inmortal con los resquicios de la huida de pies atados y manos inmóviles, haciéndose grande por dentro y brotando tal que la vida con sonrisas y una coherencia sostenida que da luz a la noche que nos cierne. Y Manolo Mesa (ilustraciones y fotografías), que, con la magia de sus manos, y sus ojos, y su lucha por la libertad, me trajo a Antártida, el cuervo. Manolo recorre el mundo haciendo las ciudades galerías de arte. Muy agradecido a los dos por ofrecerme la gran oportunidad de ilustrar mis desvanes imaginarios.