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El Cautivo

El Cautivo

En el día en que el centro de gravedad permanente se agrieta, de la mesa de sacrificios nace una parra ya madura, y, mientras suben por las ramas que van al cielo, los que tiemblan de miedo, me dejo apalear por los mejores hombres del régimen de las cien calorías que regalan la cura de la cerveza, del diazepam y las flores de plástico de dos colores. Y a mí, que estoy como una cabra, sin apenas tocarme la bragueta, con los roces y los porrazos, se me pone dura.

Tú di que sí, que el plan es fantástico.

A mí la certeza, y la postura, de Aznar en las Azores.

Y como el credo esclarece la dicha a través del sufrimiento, si no quieres sopa, tomarás dos cazos. Y con los codos derramando palabras de vientos de entretela, me preparo para la racha, para los honores y el tictac. Luego llegan los saciados y dicen que no hay chicha, que no hay teta para todos en el bosque de árboles sin ramas. Y, aun así, viento en popa a toda vela. Vaya faena…

Veo a Abraham con un hacha en llamas, y, calcinado Isaac, los ojos puestos en el borrego, porque nunca es suficiente.

Risas de hiena.

En el día en que el centro de gravedad permanente se agrieta no dejo de fumar jeroglíficos de sangres del Canaán. Veo la vida y los recuerdos que mueren debajo de un puente, pero no me hago preguntas cuando levanto los pies de suelo y asciendo con el aura encendida.

El fenómeno adverso cede los cimientos, tiembla la caverna, y ni pestañeo ante la animadversión desmedida que dibuja despedidas y una cruz en mi frente. Y pienso… de nada sirve rogar al cazador que no mate al oso que inverna.

Porrazos de colegio, mala influenza, estorbo. Y frases tal que amarás a tu prójimo como a ti mismo rugen con formas de fe. Y, con el resentimiento global, me pregunto dónde está el todopoderoso cuando se pierden los mapas y la brújula se dispersa hecha pedazos. Y, mientras cae otra bomba, el silencio se prolonga.

O todo el mundo está loco, o Dios es sordo. O calla, con esdrújula vergüenza.

Sacrilegio, salto mortal.

Rictus de justicia, copas rotas.

Se elonga, se rompió.

No hay meta cuando de nuestro reloj cae el último grano de arena, pero saltan las alarmas cuando ya reina la calma y, con los murmullos de las devotas que no se han enterado de nada, se monta la marimorena. Y eso que la más lista hace lazos a la cuerda en la reunión del karma y la cebolleta. Y así, como el que no quiere la cosa, campana y se acabó.

Cambio de rumbo.

En el día en que el centro de gravedad permanente se agrieta las mentiras son axiomas, la exactitud imprecisión, y, aunque el rio suene, el salmón no atiende a normas y la contracorriente coge forma de lengua de sierra. Donde arriba es abajo, el gato y el ratón son testigos.

Se desatan nudos, y, según convenga, al calor del amor, en la boca ancha del embudo, en un bar, en el centro de la tierra, en el carajo, se confirman contradicciones, enredo. Y con el alud, insultos en otro idioma, señalando todo el rato con el dedo en una guerra sin cuartel entre dos amigos.

La ofensiva es la tempestad de la que hablaba la rabieta, la que jura, desde el barco de papel, haber tomado tierra en la isla de San Borondón. Y aquí se desteta la leyenda, y yo, con los ojos mirando el horizonte, me digo que no hay bien que por mal no venga.

Adiós con el corazón, que con el alma no puedo.

OCOL

 

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Dieciocho de julio de 2016, 3:50. Quien puso arrojo, dispuso pudores.

Dieciocho de julio de 2016, 3:50. Quien puso arrojo, dispuso pudores.

 

diana

 

me sumergí en su fluido como un elefante de ceniza

cazador sigiloso

casi anónimo

vencido de vida

ayer

hoy

mañana

 

 

 eras un cisne que aprendía a nadar y que al agitar las alas era baliza de fuego blanco

 

 

a quién quise engañar escondiéndome detrás de los contrastes de sombras de foso

dije

cuatro veces seguidas

 

te asalté delante de todos como si fuera un ladrón manco con la cara al descubierto que ardía en un infinito nublo e inmovilizado en delirios por la saliva de tu boca con un ansia de la que casi no me pude controlar a pesar del delito y el martirio de lo improbable en nuestro cortejo

todos dicen que dormías sobre la dulcera flotante

pero yo sé que ibas temblando

 

palabras mayores

crisálidas

hiperónimo

 

 

los dos sabemos que tú eras

yo estaba tan sólo en un hombre impreciso

en varios a la vez

impostores

galerna

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me mata la cobardía de aquellos cigarros de nudos y frases pálidas de mi reflejo en la piel de tu dorso

me mata la cobardía y el entusiasmo de la apariencia

te excuso de tu olor a incendio en la frecuencia en tu caverna y la autoridad ante mi efusión tumbándome sobre la partitura como si fuera el tabarro de Giacomo Puccini yaciendo mi nuez entre ruegos al filo de la espada por un ensueño de amor de contrabando

rodeados ya de ciencia

 

 

la resonancia de mi mano palpitaba como una gacela rendida en una trampa de astillas de arrebatos de poeta mirando hacia arriba

beodez en una jaula de espejismos y consecuencias de flechazo y eco de silencios cuando el tiempo enlazó el error y el aplomo insostenible de nuestro beso vagabundo

sé que el miedo nos ganó la partida

y perdiendo hay veces que se gana

congoja

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hoy

tonteé con la idea de anudarme a ti de oler tus labios de aferrarme a tus jadeos de saber tu cuerpo con las manos de asimilarte por dentro e incluso de consentir la derrota vigilando tu almohada desde afuera tirado en el mundo esperando a ver tu cara en cada orgasmo

es por mí por quién estabas suspirando

y por la luna llena

luego tu cuerpo en un laberinto de sábanas en tal mar estremecido de revelaciones de un espejo fugaz mirándote a las manos tras una señal

nada

paradoja

sarcasmo

 

 

desde el otro lado leías mis poemas sentándote en mi mano

y sé que no fueron visiones

basta de armarios

perdóname por romper vuestra cama

me encajé dentro de ti buscando libertad de mar adentro en mis viajes a ninguna parte y no comprendí la sonrisa que me encadenaba en cada despedida con la imagen congelada de mis ojos en ti

los borraba a todos y volvían a salir

 

quien puso arrojo dispuso pudores

calvario

invivir

 

no pude bajar la fiebre ni saciar mi hambre y aunque aquello no pudiera ser me maté pensando en nosotros fusionando amaneceres desnudos sin juramentos de piernas atadas y  dedos clavados en la arena

playas improbables de amargura

y tu cara en mi espacio exterior

firmamento innato

pavura

 

 lo intenté pero no pude volver a verte cuando las olas rompían en la piel de mi corazón faquir dibujando tu nombre con un alambre de espuma

                                                                                                                    sono come tu mi vuoi decían los gatos famélicos buscando tierra firme

 

bravura

ménage à trois

somos

sois

 

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raíz que pierde la memoria

recorrido

escanciando agua que calma

apaciguando a las deidades

encontrando en la abstracción la materia inservible en noches perdidas y hambrientas

y sed que habita en un pantano antiguo

y aroma de hojas muertas

(Raquel Ruiz)

nos acostumbramos en errante continuo de discretas que confirmaban locura como si el palidecer de mejillas fuera enfurecido una huida hacia delante de abrazos a través de la pared en aquel antes sin después moldeando una edición limitada

tonterías

parecía que todo sucediera en el suelo de la suerte que había llovido a merced de lo nuestro cuando un rayo me retuvo en aquel nada a cambio de nada

en aquel partir

un vagón sin próxima parada por devoramos en los reflejos de las distancias de futuro agotado deslizándose por la grieta de la nevada de mi resignación desapariciente en un puerto de montaña soberana alojado en el vacío

perdóname por romper vuestra cama

suyo

tuyo

mío

 

 

yo no era yo aunque lo pareciera pero tú sí eras tú aunque probablemente no lo fueras qué sé yo

debo negarlo

porque echar con cajas destempladas al amor es gris y es mármol en lechos de amnesia de una canción que llora por nosotros en el pedestal y no nos permite bailar apretados

no digas lo que pudo ser

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vuelvo

ha empezado a llover sobre nuestra cama de azúcar

desnúdate

matemos al sueño de amor

he de clavar el cuchillo en la tierra y hacerme cargo de tu cuerpo y del temblor de tus gemidos como si alguna vez yo te hubiera amado

y cuando acaba

empieza

espora

soy un loco luchando en abstracto y en aproximado por distinguir entre soñando contigo y contigo soñando

baja

 

                                                         más ahora

                 sí

                 no seas impaciente

 

olvidarte como al viento como si todo lo que yo ya pudiera hacer fuera entregarme sin antes perdonarte por tus manos escondidas y tu esquinazo contra voluntad en la fragilidad de tu aliento con los bailes de tus gestos

mi torpeza

coqueteando

y ahora que estoy entre tus manos pretender acabar con lo que nunca ha empezado no

no

no le pongo la mortaja a nuestro amor

 

mientras tanto

si te hace sentir mejor

sigue cavando

 

OCOL

Colabora: Raquel Ruiz, raíz que pierde la memoria… encontrando en la abstracción la materia inservible en noches perdidas y hambrientas… qué mejores palabras podría elegir: loco de amor por ver nuestro libro de poemas… cada día más uno somos en este universo inesperado… Muy agradecido.