Mes: abril 2018

Voces

Voces

Cómo pude rendirme a la tormenta perfecta, al arrebato de las condiciones adversas de esta prisa quieta, a las voces en la distancia diciendo que no, a los murmullos que advertían que la noche sería larga, a la locura que sobreactuaba en aquellas tablas de ceniza y plastilina mientras yo entraba en tu sala de espera y cedía.

Solté mi maleta en el aire y me rompí en pedazos con el viento, me hice arena, serpentina, polvo de tiza. Me quedaba dormido pensando en tus sábanas, en tu luna de carne de membrillo, en la luz que atraviesa tus cerraduras presagiando la aurora, como si fuera nuestra, como si fueras mío.

Pero eso fue ayer.

Nadie puede encontrarme en tus manos, en tu bolsillo, sentado al filo de tus labios sin miedo a caer. Luego ya en conciencia de celda, la vida entera dando vueltas en círculo pensando en quién es quién, escribiendo letras en la orilla con una rama, esperando a que el agua no cambie su silueta, tratando de distinguir entre ya y ahora, y mientras tanto, todo.

Al final del pasillo el fuego negro interpreta planos de un mundo cubierto de nieve que en la distancia parece decir si tú me dices ven planeando sobre las ruinas de nuestra cama todavía sin confundir, sobre lo que quedaría escrito en el pañuelo que escondes en tu almohada, para hacerlo nuestro cuando ya no te quede nada y quieras volver.

Allí estuve hoy, esperando otra vez.

Ocol

DÁMELAS

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FRÍO

FRÍO

Nuestro abrazo ya no sabe qué hacer, ni se halla en este frío en línea recta. Siempre se queda a medias por si a su cosecha le diera por contradecir, por dar la nota y en los detalles perderse como un anillo en un mar rojo…, dime que te das cuenta como yo, que no he vuelto a quedarme dormido en el Polo Norte. Y ahora qué, dice el mañana antecediéndose porque todavía no hemos acabado con esto, verdad.

En la parte superior de mi pecho, y del tuyo, indiferencia de ésa que se muestra conforme siendo incorrecta sin que a nadie le importe; a mí sí. Y, antes de volver sentir, deshacerse el nudo de nuestros zapatos y, al sacar los pies y posarlos en el pasillo que no tiene puertas, ni paredes, ni techo, caminaremos temblando hacía la nada. Adónde si no. Te espero aquí, tengo todo preparado.

Y las manos imprecisas que se alejan con la imprudencia remota, suspirando deseos en los espacios huecos que se excusan de todo en la acústica de aquello que se queda dentro, larvadas. Lo que la verdad esconde en el eco chivato y que tú no entiendes, o sí. Te echo de menos, digo sin saber por qué. Nuestro abrazo ya no sabe qué hacer, y yo sigo esperando.

Ocol.

Luna1-01